octubre 24, 2021

Eres presente de recuerdos. La autobiografía

 Para Bárbara Isabel Pérez Medina, entrañable

Recordar es vivir. Recordar el pasado en el presente. Hacer memoria del pasado es rememorar. Si, traer ahora los pasados que nos marcaron y que ahora son parte de nuestro presente. Hoy es ayer. Estas intenciones son afirmaciones contundentes sobre los causales y las razones de una autobiografía. Tienen que ver con el individuo que recuerda y recrea. Acontecimientos personales pero también públicos y privados que han forjado a la persona. Un individuo que retrotrae al ahora los hechos de su pasado para plasmarlos contados o escritos. Añoranzas y acontecimientos, buenos o malos, negativos o positivos, justificatorios o razonados. Las intenciones son formas de marcar y dejar huella, una marca de la historia. El paso por la vida. Un cúmulo de aconteceres de sus circunstancias, de sus relaciones con el mundo, de los contextos por los que transitó o influyó. El sendero de la autobiografía es el parecer personal de la propia experiencia, del propio caminar. La vida cotidiana, la mentalidad, el análisis social, marcan el punto personal en los acontecimientos que han tocado vivir, donde los contextos históricos se entremezclan en el individuo o el actor, y que deja huella en los contextos. No es un mero juego de palabras, sino más bien una dialéctica, una interacción individual y pública.

La autobiografía es la historia de vida. Una narración individual que relata los recuerdos de un pasado vivido, de realidades experimentadas y actuadas en la propia vida. Contada por uno mismo, o relatada por otros, siempre la autobiografía es un cúmulo de acontecimientos y contextos, de relaciones sociales y colectivas, de marcajes que son huellas, de tránsitos y senderos, de experiencias. Hay que tener conciencia de estas afirmaciones para escribir o contar, hilvanar con unidad y coherencia, con soltura y sin juicios lapidarios o inventos fugaces o interpretaciones parciales sobre personas y hechos. La autobiografía debe ser imparcial, objetiva a lo más, clara como el agua, sin desvíos o distractores, ya que contar nuestra propia realidad debe ser un reto para contar la verdad, nuestra realidad como ser humano. La narración no es juicio, no es corrección, sino un plasma claro y contundente, con descripciones y relatos que muestren la trayectoria individual y pública, privada si se quiere. Mostrar la vida desde el presente, cuerpo de recuerdos, menudencia de aconteceres tejidos dentro de un todo que es el contexto. Fuera quedan las vanaglorias o los enaltecimientos sobre el propio individuo o sobre otros de su entorno, porque se pierde la sustancia y la parcialidad ante ciertos acontecimientos o hechos.

La autobiografía es un estilo narrativo, es poco objetiva porque proviene de los recuerdos personales, muchos realidad y muchos ficción del propio individuo. Es una tendencia de las figuras públicas de distintos ámbitos y esferas, de los escritores que hacen ficciones de realidades, de los personajes familiares para dejar recuerdos y legados. La autobiografía es dejar huellas del paso por el mundo que nos tocó vivir. Dejar constancia de recuerdos. Realidades, hechos, acontecimientos y contextos, pero también pareceres personales y de la mente. Realidades y ficciones, interpretaciones personales de lo vivido, de lo extraordinario y lo importante, de lo falso y lo verdadero, de lo nuestro y de lo colectivo.

Narración y relato se entrelazan con la realidad verdadera y o ficticia. Es el individuo el que emerge como el actor histórico de su propia o ajena circunstancia en tiempo y en espacio, en mente y en relación social. La mano escribe o la boca narra trayendo el recuento de recuerdos y memorias guardadas que emergen y fluyen para dejar memoria y constancia de la propia vida y la de los demás. Individuo, familia, amigos, entornos, actuaciones, son parte de la estructura de la autobiografía, cuya coherencia coincide con los pareceres y consideraciones de la propia experiencia. Muchas veces representa un mea culpa, otras la justificación del actuar de una forma u otra, o el juicio lapidario contra los adversarios. Por eso la autobiografía es volátil como producto personal de un individuo, donde la mente influye en valorar escenas y escenarios, actores o individuos del entorno. La historia de vida emerge como una gran memoria personal y colectiva. Un resguardo de aconteceres que se recuerdan o valoran. Son inseparables, dependiendo del personaje que las cuenta, hombre, mujer, público o privado.

Para el que escribe una autobiografía es una experiencia con intenciones personales para trascender al tiempo, para dejar constancia de lo que se ha sido y de lo que se es antes de morir. Es trascender al tiempo. Es todo un reto por lo que tiene que ver con mostrar las debilidades y las virtudes, lo bueno y lo malo. Hablar de mi, de mi circunstancia, de mis razones, de mi actuar, de mi relación con los demás, es un reto personal, que indudablemente debe transitar la objetividad o no de lo que cuento o narro. La autobiografía no es una interpretación, es mostrar la realidad individual y personal, en las esferas de lo público y lo privado, hilvanando el contexto histórico que ha tocado vivir. En eso reside también el tema de la llamada historia oral, que marca a los individuos que narran su historia, aunque con el sesgo de quien entrevista y formula las interrogantes. Igualmente, hay autobiografías que son recuperadas por un narrador, que hace preguntas, que hace guía de los recuerdos, y donde se pierde sustancia de la manera en que fluyen los recuerdos y la manera de interpretarlos o contarlos con otra pluma que no es la del individuo.

La autobiografía es muy popular en los personajes históricos o familiares en todos los tiempos. Políticos, empresarios, líderes, intelectuales, militares, científicos, educadores, artistas, periodistas, diplomáticos, escritores, técnicos, ejecutivos, abogados, editores, entre otros, hombres y mujeres, en la historia universal y nacional o regional, han plasmado sus recuerdos en papel o narrado su pasado a otros o dejando constancia documental o electrónica en radio, televisión, internet u otras publicaciones. Es una necesidad de siempre contar los acontecimientos que han sucedido en la vida individual o pública. Las experiencias personales han producido gran cantidad de obras y documentales o proyectos de archivos sonoros y electrónicos o digitales. Esto sin contar con las narraciones que han entremezclado la realidad con la ficción, muy característico de la literatura autobiográfica que ha abundado en la producción de los escritores de novelas, cuentos o ensayos literarios.

Sería una tarea inútil hacer un balance bibliográfico de la producción de la autobiografía de una región, nación o mundial. Hay autobiografías notables de todos los tiempos, que nos han mostrado la historia de grandes personalidades que han trascendido a la historia, incluidas narrativas autobiográficas hechas por otros o grandes biografías retomadas a partir de ciertas autobiografías notables. Sería inútil, incluso, poder analizar estas producciones importantes para el conocimiento de muchas personalidades de distintos campos o historias. Baste con revisar los catálogos de las bibliotecas para darse cuenta de la importancia de la autobiografía como una producción historiográfica destacadísima para entender las trayectorias de individuos o contextos históricos de regiones, naciones o acontecimientos mundiales. Incluso, la producción autobiográfica es parte de las familias o grupos colectivos, cuyos personajes centrales emprendieron su autobiografía para dejar una huella en la historia familiar o de grupos específicos profesionales o no.

En el caso mexicano han abundado las autobiografías ligadas a momentos históricos importantes. Para la conquista abundan ciertas crónicas escritas a manera de recuerdos personales, sobre todo narrando experiencias de españoles e indígenas, impactados por los acontecimientos de antes y después de la caída de México-Tenochtitlan. El mismo Cortés lo hizo, junto con varios acompañantes, también las crónicas indígenas anotaron acontecimientos cruentos del enfrentamiento entre dos mundos. Para el caso de la colonia, lo más representativo fue Sor Juana Inés de la Cruz, o multitud de funcionarios o intelectuales que relataron sus experiencias en la Nueva España durante trescientos años. Muchas expediciones científicas o de evangelización contaron con relatos autobiográficos importantes para el conocimiento de diversos aspectos del acontecer novohispano. Los clérigos dejaron constancia de su actuar o su contexto.

Durante el siglo XIX, el género autobiográfico fue muy socorrido por los viajeros y exploradores de riquezas, por los inmigrantes y empresarios y ricachones, pero igual por actores históricos de primera magnitud, como Fray Servando Teresa de Mier, Lucas Alamán, Carlos María de Bustamante, Lorenzo de Zavala, José María Luis Mora, entre muchos otros. Los viajeros fueron los más populares mostrando al país y sus experiencias, tal fue el caso de Francis Calderón de la Barca o Paula Kolonitz. Liberales y conservadores escribieron sus autobiografías, Guillermo Prieto, Benito Juárez, Ignacio Manuel Altamirano, Miguel Miramón, entre los más importantes. El género autobiográfico fue muy socorrido en ese siglo, aunque también hubo gran producción de obras de ficción y novelas que retrataron pasajes personales en ciertos acontecimientos históricos. En el porfiriato, hasta el dictador llegó a contar su autobiografía. Escritores como Federico Gamboa y otros intelectuales de la era porfiriana hicieron lo propio, con ciertos tintes de ficción por supuesto.

Para el periodo de la revolución abundaron las autobiografías de políticos, militares, líderes e intelectuales. Desde las memorias de Francisco Villa escritas por Martín Luis Guzmán, hasta aquellas sobre Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón, o las escritas por José Vasconcelos, Alfonso Reyes, o los apuntes de Lázaro Cárdenas, o las de Emilio Portes Gil o Alberto J. Pani, o Luis L. León o Marte R. Gómez, o Gonzalo N. Santos, e infinidad más. Para el periodo contemporáneo mexicano la autobiografía inundó la producción escrita y documental, sobre todo de políticos, empresarios, escritores, artistas. Cada una de ellas trató de dejar huella sobre su actuar en distintas épocas o actividades. Miguel Alemán, Gustavo Díaz Ordaz, José López Portillo, Carlos Salinas de Gortari, Salvador Novo, Jaime Torres Bodet, María Félix, entre muchos otros más, dejaron impresas o grabadas sus memorias y recuerdos. El género autobiográfico se vio estimulado igualmente desde los sesentas, gracias a la emergencia de la historia oral y los archivos sonoros, pero mucho más desde que en México se dio el crecimiento de los documentales grabados para el cine, la televisión o internet, desde finales de los setentas y sobre todo en los ochentas. El auge vino en los noventas con el incremento de la tecnología en la comunicación. Relatar o narrar la historia personal y la acción pública fue muy común para personajes de carne y hueso, con trayectorias públicas y privadas de interés para el público y los académicos.

La historiografía mexicana se nutrió con el género de la autobiografía histórica, aunque la autobiografía de ficción, cultivada por los escritores y literatos, también dio conocimientos importantes, como los libros de Elena Poniatowska sobre determinados personajes de la vida cultural de México en el siglo XX que, mediante las entrevistas, le han permitido reconstruir trayectorias históricas públicas y privadas. Otros escritores han cultivado este género en distintas obras, como Octavio Paz, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Luis González de Alba, Cristina Pacheco, entre otros.

La autobiografía es un cúmulo de recuerdos que se hace en el presente y cuyos afanes o empeños están relacionados con el recuento del acontecer personal, público o privado, del personaje. Hay autobiografías que justifican, otras que argumentan, unas más que esquivan o desvían la atención, muchas otras pecan de ficción o invención, pero todas se relacionan con el relato o la narración de recuerdos acumulados en el presente del personaje o actor histórico, unas más son simples ficciones que se basan en realidades recordadas, que una pluma plasma para resaltar el interés o atención del público lector. Ambas tendencias son válidas y suficientes para la historiografía.

 

 

 

 

1 comentario:

  1. Es un verdadero honor está dedicatoria, gracias Dr. Pablo Serrano maestro y mejor amigo, lo respeto y quiero mucho! 😘

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